Escribir para hablar de las huellas que no se borran
La escritora chileno-argentina Maivo Suárez conversa sobre Sara, A esta misma hora y una trayectoria tardía solo en apariencia: una escritura hecha de memoria familiar, violencia, silencios y reparación.
Maivo Suárez eligió un nombre de autora antes de sentirse completamente autorizada a serlo. Nació en Talcahuano, estudió Trabajo Social en Buenos Aires y durante décadas escribió en los márgenes de una vida ocupada por otros trabajos. El 23 de abril, Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, llega a Vuelan las Plumas con una trayectoria que desmiente el mandato de comenzar joven.
"Quería tener un nombre de autora. Ahora ya quiero ser una autora".
Su bibliografía cruza cuentos, literatura infantil y novela: Lo que no bailamos, Entre dos casas, Ambiente familiar, Sara y A esta misma hora. La escritura de Maivo vuelve una y otra vez a las relaciones familiares, pero no desde la postal doméstica. En sus páginas aparecen el abuso, la culpa, la dependencia, la vejez y las marcas que permanecen cuando una familia intenta esconder lo ocurrido.
Sara, su primera novela, ganó el Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral en la categoría de novela inédita. Su protagonista es una mujer jubilada que, por primera vez, debe vivir sola. Esa situación abre una zona inquietante, casi policial, en la que la fragilidad y la sospecha obligan a mirar de nuevo los vínculos más cercanos.
"Hay huellas de abuso familiar que uno quisiera borrar, pero no es llegar y borrar. Son huellas que quedan y de las que hay que hablar".
La conversación recorre también el camino de una autora hacia las editoriales. Maivo cuenta los envíos, las esperas, las negativas y la alegría de encontrar proyectos que leyeran su obra con cuidado. No idealiza la publicación: conoce desde dentro las asimetrías del mundo editorial y, por su formación, entiende que el libro es creación, pero también contrato, circulación y derecho.
"Mandaba la novela a muchas editoriales. Preguntaba, revisaba catálogos, insistía. Cuando supe que tenía editorial, gritaba como loca".
El diálogo se desplaza entonces hacia los derechos de autor. Antes del objeto libro, recuerdan Vivian Lavín y Maivo Suárez, existe una persona que creó una obra. La dimensión patrimonial puede cederse bajo determinadas condiciones; la dimensión moral permanece ligada a quien escribe. Hablar de acceso a la cultura sin reconocer el trabajo creativo produce una falsa oposición.
"Cuando un autor ha creado una obra hay una parte moral de sus derechos que no puede ceder. Primero están las autoras y los autores; después vienen los libros".
En A esta misma hora, publicada por Kindberg, Maivo continúa explorando la intimidad como territorio político. Su escritura no busca ofrecer una salida fácil ni borrar las heridas de sus personajes. Prefiere acompañarlas hasta el lugar en que pueden ser nombradas.
"Hablando se sana. No porque desaparezca lo vivido, sino porque deja de estar escondido".
La carrera de Maivo Suárez llegó a la publicación después de los cincuenta, pero su obra venía escribiéndose desde mucho antes: en la experiencia social, en los cruces entre Chile y Argentina, en los silencios familiares y en cada lectura. Quizás una autora no comienza el día en que aparece su primer libro. Comienza cuando encuentra una voz que ya no está dispuesta a callarse.
Entrevista emitida el 23 de abril de 2025 en Vuelan las Plumas.
Foto: Ulises Nilo
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