Entrevista a Malucha Pinto

La fragilidad como una forma de transformar el mundo

A treinta años de su primera publicación, Cartas para Tomás vuelve a las librerías bajo el sello de Editorial Catalonia. En conversación con la periodista Vivian Lavín, la actriz, dramaturga y poeta Malucha Pinto revisita el libro que nació como una búsqueda literaria y terminó abriendo una reflexión colectiva sobre la maternidad, la inclusión, los cuidados y la posibilidad de construir comunidad desde aquello que nos hace frágiles.

Cuando Malucha Pinto volvió a leer "Cartas para Tomás", tres décadas después de su primera edición, se sorprendió ante el coraje de la mujer que había escrito aquellas páginas. Allí estaban, expuestas sin resguardo, las luces y las sombras de una experiencia que cambió su vida: la llegada de Tomás, su segundo hijo, nacido con parálisis cerebral, y el largo aprendizaje de acercarse a un mundo que no respondía a las estructuras conocidas.
El libro había nacido en 1996 de materiales dispersos: apuntes, poemas, impresiones y preguntas que Malucha decidió trabajar mediante el género epistolar. Su propósito inicial, aclara, no fue escribir un testimonio ni convertir la experiencia en una forma de sanación. Quería hacer literatura. Esa decisión estética —dar cauce, ritmo y lenguaje a lo vivido— permitió que una historia íntima traspasara sus propios límites y encontrara a miles de lectores.
"Trabajé el libro como libro, no como un testimonio ni como esto que dicen de que cuando uno escribe se sana. No había nada de eso. Había las ganas de hacer un libro. Encontré este género epistolar, que me pareció interesante y que podía ser útil para darle cauce a este material."
La recepción la tomó por sorpresa. "Cartas para Tomás" comenzó a circular entre familias que atravesaban experiencias semejantes, pero también entre profesionales y estudiantes de educación diferencial y kinesiología. Llegaron lectores que encontraron en sus páginas un impulso para tomar decisiones profundas. Una persona que estaba en proceso de adopción, recuerda Pinto, decidió adoptar a un niño con síndrome de Down. El libro generó charlas, encuentros y conversaciones que su autora nunca había previsto.
"Me di cuenta muy concretamente de cómo la literatura puede transformar el mundo, o los pequeños mundos; puede transformar tus mundos individuales. De verdad, no es una idea: es una realidad. Para mucha gente significó un antes y un después."
Treinta años más tarde, la reedición surgió porque el libro estaba agotado y continuaba siendo buscado. Pero regresar a él desde otro momento de la vida le permitió a la actriz y dramaturga descubrir una dimensión todavía más amplia. Lo que durante años había sido leído como un texto sobre maternidad, inclusión y cuidados aparecía ahora como una pregunta política: qué tipo de sociedad construimos y qué lugar otorgamos a la dependencia, la diferencia y la vulnerabilidad.
"Sentí que es un libro que invita a reflexionar en torno a cómo construir sociedad. ¿Cómo construimos sociedades desde nuestra fragilidad? La fragilidad es una tremenda aliada en la transformación del mundo. Quizás somos una civilización gracias a que somos frágiles, y eso ha generado caminos, conocimiento y encuentro."
Tomás tiene hoy 38 años. Su parálisis cerebral se agravó con el síndrome de West, un tipo de epilepsia severa, y necesita asistencia permanente. Malucha dice que él habla "otro idioma" y pertenece, de algún modo, a "otra cultura": se expresa mediante sonidos, miradas, movimientos del cuerpo y cambios que quienes lo rodean han aprendido a reconocer. Entrar en ese lenguaje exigió abandonar la pretensión de que el otro debía adaptarse a las formas establecidas.
La palabra que recorre esa transformación es desestructurarse. Malucha observa que gran parte de la vida se emplea en aprender normas para pertenecer: formas mentales, corporales, emocionales y espirituales que prometen aceptación. Salir de esas cajas produce miedo, pero también abre otras posibilidades. En la existencia de Tomás, en su capacidad de afectar el mundo desde un cuerpo completamente dependiente, ella reconoce la fuerza de haber sido recibido sin la exigencia de convertirse en alguien distinto.
"Tomás ha sobrevivido y ha movido el mundo desde su total inmovilidad. Yo creo que lo ha hecho porque ha sido aceptado, porque hubo un entorno que dijo: 'Sí, no te quiero cambiar. Quiero que seas quien eres, porque eso que tú eres puede iluminar y nadie más lo va a entregar más que tú'."
Para Malucha, la historia de su hijo también se enlaza con la pérdida temprana de su hermana Antonella. Cuando comprendió la gravedad de la condición de Tomás, se negó a que la fragilidad volviera a traducirse en ausencia. Esa determinación puso en primer plano la vida y dejó en segundo plano el diagnóstico. Pasaba horas contemplando a su hijo: "Me enamoré de ese ser, de ese espíritu, de esa esencia", dice. "Me enamoré y sigo enamorada".
Ese encuentro también la obligó a volver hacia sí misma. Antes de Tomás, recuerda, estaba volcada a construir el mundo afuera: trabajar, lograr, conseguir, luchar. La revolución siempre ocurría en otra parte y en un futuro que dejaba poco espacio para el presente. La maternidad la devolvió al cuerpo, a las emociones, a los ciclos y a una dimensión femenina que había permanecido relegada.
"Tomás me devolvió a otra manera de caminar la vida: con cuerpo, con órganos, con útero, con corazón, con emociones, con ciclos, con tierra, con agua. Fue muy concretamente transformador. Y aparecieron las mujeres; además, apareció la escritura."
La escritura se convirtió entonces en una manera de poner la experiencia fuera de sí para mirarla, pensarla y transformarla. Después de "Cartas para Tomás" vinieron otros libros, obras teatrales y proyectos vinculados con la memoria y con comunidades vulneradas. Actualmente, trabaja en la novela "Las aguas de la memoria", que espera publicar en 2027, y reconoce en allí el germen de una voz capaz de reunir "los porotos con pilco" con lo trascendente: lo doméstico y lo espiritual, el humor y el dolor, la materia de todos los días y aquello que todavía no podemos explicar.
La historia de "Cartas para Tomás" también continúa sobre el escenario. Junto a su hermano Aníbal Pinto y la productora Paola Lara, Malucha presenta "Cartas para Tomás íntimo", una versión cercana del monólogo musical que ha recorrido Chile. La propuesta convoca a grupos pequeños, en casas, juntas de vecinos y espacios comunitarios, para compartir primero una experiencia artística y después conversar. Es un regreso deliberado a la escala humana: mirarse, contar, reflexionar y abrirse con otros.
Quizás allí reside la vigencia de este libro. Treinta años después, "Cartas para Tomás" no vuelve como una pieza detenida en el tiempo, sino como una conversación que sigue creciendo. La experiencia singular de una madre y un hijo se abre hacia una pregunta común: cuánto podría cambiar el mundo si, en lugar de esconder la fragilidad o intentar corregirla, aprendiéramos a reconocer en ella el origen de la colaboración, del lenguaje y del encuentro.
Entrevista emitida el 5 de agosto de 2026 en Vuelan las Plumas de Radio Universidad de Chile.
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