Cocorocoq: Diez años haciendo libros desde la pasión, la familia y la resistencia cultural
En conversación con Vivian Lavín, la editora y autora Patricia Cocq repasa los diez años de Cocorocoq Editoras: una editorial independiente nacida entre hermanas, sostenida por el trabajo colectivo y marcada por una profunda convicción sobre el valor cultural, político y afectivo de los libros para las niñeces.
Hay proyectos editoriales que nacen desde un plan de negocios y otros que nacen desde una necesidad vital. Cocorocoq pertenece, claramente, al segundo grupo. En conversación con Vivian Lavín en Vuelan las Plumas, Patricia Cocq —editora, autora y una de las fundadoras de la editorial chilena— reconstruye el recorrido de un sello que este año cumple una década y que, sin proponérselo al inicio, terminó convirtiéndose en una de las voces más reconocibles de la edición infantil y juvenil independiente en Chile.
La historia comienza mucho antes de la editorial. Comienza en la infancia compartida entre hermanas, en una época "en que no había pantallas", recuerda Patricia, donde el juego estaba hecho de dibujos, recortes, personajes y cuadernos. "Con Karina siempre jugamos mucho a cosas muy creativas", cuenta. Mientras una descubría tempranamente el dibujo y la ilustración, la otra comenzaba a escribir poesía. De esa relación surgieron sus primeros libros autoeditados y, años más tarde, el impulso definitivo para crear Cocorocoq.
El nombre también lleva la marca familiar: Cocorocoq incorpora el apellido Cocq de tres de sus fundadoras. Y esa dimensión íntima atraviesa toda la conversación. No se trata solamente de editar libros, sino de construir un espacio donde la creación, el afecto y la mirada crítica puedan convivir.
"Creamos la editorial sin saber nada, con las puras ganas y la necesidad de poder expresar y publicar los libros que siempre quisimos hacer", recuerda Patricia sobre los inicios del sello, marcados por la autoedición y la precariedad, pero también por una intuición muy clara respecto del tipo de libros que querían poner en circulación.
Desde el comienzo, Cocorocoq apostó por historias que abordaran las diversidades y las niñeces desde una perspectiva distinta a la dominante. Patricia lo dice con claridad: los niños siempre han sido diversos; lo que ha cambiado es la disposición adulta a reconocerlo. Uno de sus primeros proyectos, Colorina colorada, ya no quiere ser un hada, publicado en 2010, ya proponía cuentos infantiles no sexistas, mucho antes de que ese discurso se instalara con fuerza en el mercado editorial.
Pero detrás del relato inspirador hay también una realidad material compleja. Patricia habla sin romanticismos del trabajo editorial: impuestos, cotizaciones, distribución, ventas, contabilidad, ferias, carga de cajas y jornadas nocturnas. "El sueño editorial no puede convertirse en un infierno", afirma, sintetizando uno de los grandes aprendizajes de estos diez años.
La editorial, explica, creció lentamente. Durante mucho tiempo publicaron apenas uno o dos libros al año mientras todas las socias mantenían otros trabajos paralelos. Recién ahora, en este décimo aniversario, Cocorocoq cuenta por primera vez con un asistente editorial y una estructura más organizada.
La relación entre creación y negocio
Patricia insiste en que ambas dimensiones no solo son compatibles, sino necesarias. "El negocio tiene que funcionar. No puedes tener un negocio donde todos los años tienes que poner plata de tu bolsillo y perderla", afirma.
Sin abandonar la sensibilidad ni la ética, Cocorocoq reivindica el libro también como producto cultural que sostiene trabajo y comunidad. "La creación es un trabajo que debe pagarse", señala Patricia, recordando que detrás de cada libro hay ilustradores, diseñadores, imprentas, mediadores de lectura y autores que necesitan condiciones dignas para seguir creando.
Entre los hitos del sello aparecen premios como dos Marta Brunet, la apertura hacia la narrativa juvenil, la venta de derechos internacionales y la participación en ferias como Guadalajara y Bologna. Especial importancia tiene Alejandría, libro escrito por Patricia e ilustrado por su hermana Karina, que ha sido traducido al coreano, al catalán y distribuido en español para toda América Latina y España por el sello Babulinka.
Para Patricia, Alejandría condensa muchas de las preocupaciones de la editorial: la memoria, la libertad de expresión y la cultura como espacio de resistencia. "La cultura es ese faro, ese escudo que nos permite cuestionar, reflexionar y criticar", afirma.
Inspirado en parte por Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, el libro aborda los riesgos del autoritarismo y los retrocesos sociales desde una perspectiva accesible para niños y niñas. Pero, como explica Patricia, la intención nunca ha sido simplificar los conflictos. "No hay temas vedados para las niñeces; lo que hay son formas de contar", señala.
Uno de los momentos más emotivos de la conversación llega cuando recuerda una reciente feria en Puerto Varas. Un niño de unos ocho años tomó entre sus manos la novela infantil Las niñas traviesas y, abrazando el libro, dijo simplemente: "Es hermoso, yo lo quiero". Patricia revive la escena casi con asombro. "Ahí una entiende para qué está trabajando", comenta.
En ese instante parece resumirse el espíritu completo de Cocorocoq: libros hechos con cuidado artesanal, sensibilidad política y convicción afectiva, capaces de encontrar a sus lectores incluso en medio de un mercado difícil. Así, un negocio familiar se transforma en proyecto cultural contemporáneo. Una editorial nacida desde los vínculos, la colaboración y el deseo de abrir espacios de creación para otros niños y niñas.
Diez años después de aquel primer libro publicado "con las puras ganas", Cocorocoq no solo sigue en pie: ha logrado construir una identidad reconocible dentro del ecosistema editorial chileno e internacional. Y quizás su mayor logro no sea solamente haber publicado libros bellos o premiados, sino haber demostrado que sensibilidad, ética y sostenibilidad también pueden convivir en el mundo editorial.
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Fecha de emisión: 6 de mayo de 2026





