La cultura como puerta de entrada a Corea
Desde la Feria Internacional del Libro de Seúl SIBF 2026, la periodista Vivian Lavín conversa con Felipe Umaña, representante de ProChile en Corea, sobre cultura, comercio y las claves para construir relaciones duraderas con uno de los mercados más exigentes del mundo.
Chile es el único país latinoamericano —y el único de habla hispana— con presencia institucional en la Feria Internacional del Libro de Seúl. No es un dato menor. En un mercado exigente, sofisticado y profundamente consciente de su identidad cultural, estar presente de manera sostenida es también una forma de construir confianza.
Desde Corea, en medio de una feria multitudinaria donde el libro continúa ocupando el centro de la escena, Vivian Lavín conversa con Felipe Umaña, médico veterinario de profesión y representante de ProChile en ese país, sobre el vínculo entre Chile y Corea, el valor económico de la cultura y aquello que debemos aprender antes de intentar ingresar a un mercado que no admite improvisaciones.
"Estamos súper contentos de poder apoyar como ProChile la participación de editoriales chilenas en esta feria", señala Umaña. La presencia chilena se sostiene sobre una relación de larga data. Chile fue el primer país en firmar un tratado de libre comercio con Corea y mantiene con esa nación una cercanía histórica.
Por cuarto año consecutivo, Chile participa en la Feria Internacional del Libro de Seúl como único país latinoamericano. Pero más allá de las cifras, hay algo que sorprende: en uno de los países más tecnologizados del planeta, el libro en papel conserva una vitalidad extraordinaria.
"Los coreanos aman leer, aman los libros en papel", dice Umaña. "A pesar de que es uno de los países más tecnologizados del mundo, les encanta el libro en la mano".
Para quienes trabajan en el mundo editorial, venir a Corea es casi una especialización. Hay que observar cómo se presentan los libros, cómo circulan y cómo un título puede encontrar nuevos caminos para llegar a bibliotecas, escuelas y lectores.
Pero la conversación va más allá de los libros. Si algo demuestra Corea es que la cultura puede ser mucho más que un patrimonio que se conserva: puede transformarse en una poderosa herramienta de desarrollo.
Vivian plantea una pregunta central: ¿qué valor agregado puede aportar la cultura a los productos que Chile exporta?
El vino chileno, por ejemplo, es ampliamente conocido en Corea. "Tú le preguntas a un coreano por Chile y lo primero que te dice es vino chileno", afirma Umaña. Sin embargo, una botella no existe en el vacío. Detrás de los grandes productos existen relatos, paisajes, literatura, cine e imaginarios. La cultura construye el mundo simbólico que los acompaña.
Corea entendió esa relación hace décadas. K-pop, K-food, K-beauty, cine y series se convirtieron en expresiones de una estrategia que trascendió ampliamente las industrias creativas. La cultura comenzó a abrir puertas para el conjunto de la economía coreana.
"Imagínate el potencial que tiene el tema cultural. Corea es el mejor ejemplo del mundo para aprender", sostiene.
Chile ha comenzado también a explorar ese camino de cooperación, con acuerdos culturales e iniciativas destinadas a mostrar locaciones chilenas a profesionales audiovisuales coreanos.
La pregunta parece inevitable: si Corea consiguió que millones de personas quisieran escuchar su música, probar su comida, utilizar sus cosméticos y conocer sus ciudades, ¿qué podemos aprender de esa experiencia?
La respuesta no consiste simplemente en imitar una estrategia. Para entrar en otra cultura hay que comenzar por conocerla.
Vivian recuerda el caso de una gran cadena internacional de cafeterías que lanzó una promoción en una fecha particularmente sensible para la memoria histórica coreana, vinculada a Gwangju. El episodio evidenció que incluso una compañía consolidada puede equivocarse si desconoce la historia del país en el que opera.
Corea es una sociedad marcada por episodios históricos dolorosos: la ocupación japonesa, la guerra y décadas de enormes dificultades económicas. Esa memoria continúa presente y forma parte de su identidad.
Por eso, hacer negocios en Corea requiere mucho más que llegar con un buen producto.
"Hay cosas que hay que evaluar primero, aprender, respetar y también conocer un poco de la historia", explica Umaña.
También hay códigos cotidianos fundamentales. La puntualidad no es negociable. "Si tú dices a las tres, no es llegar a las tres: es llegar antes, porque a las tres empieza la reunión".
A ello se suma un elemento central: la confianza.
Los vínculos comerciales se construyen lentamente, pero pueden ser extraordinariamente duraderos. Umaña explica que un comprador puede mantener a un proveedor aunque aparezca una alternativa más barata, precisamente porque la relación construida tiene un valor propio.
"Yo digo que es como una especie de matrimonio", comenta. "Ellos son bien fieles, hacen un vínculo bien fuerte".
Esa fidelidad exige reciprocidad. Entrar al mercado coreano implica comprender una lógica donde la confianza, la constancia y el respeto pesan tanto como el precio.
"Cuando tú llegas desconociendo eso, es muy probable que fracase tu incursión en Corea", advierte Umaña.
Quizás por eso la presencia continuada de Chile en la Feria Internacional del Libro de Seúl tiene un valor que va mucho más allá de los negocios concretos que puedan cerrarse durante unos días. Estar cuatro años consecutivos significa volver, reencontrarse, sostener conversaciones y demostrar una voluntad real de construir relaciones.
Como señala Vivian hacia el final de la entrevista, "acá las cosas son de cocimiento lento".
Y en ese tiempo lento se ha ido abriendo también un espacio para los libros chilenos. Cada traducción, cada reunión y cada editorial que llega a Seúl amplía un camino que hace algunos años parecía mucho más lejano.
La participación chilena es resultado de un esfuerzo institucional conjunto entre ProChile y el Ministerio de las Culturas, pero también del trabajo de personas concretas que han insistido en la importancia de este mercado.
Porque los países no se encuentran únicamente a través de tratados comerciales. Se conocen también a través de sus historias, sus películas, su música, sus imágenes y sus libros.
Corea comprendió hace tiempo que la cultura podía ser una de sus principales cartas de presentación ante el mundo.
Para Chile, quizás una de las grandes lecciones de esta feria sea precisamente esa: antes de vender un producto, hay que ser capaces de contar de dónde viene.
Y antes de entrar en una cultura, hay que aprender a escucharla.
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Fecha de emisión: 1 de julio de 2026





