La diplomacia cultural como un puente para que Chile sea leído en el mundo
Desde la Feria del Libro de Frankfurt, la embajadora y directora de DIRAC analiza el relato cultural de Chile y el desafío histórico de convertirse en País Invitado de Honor en 2027 en la muestra más importante del mundo.
Los libros llegaron durante siglos a Frankfurt por las aguas del río Meno. En torno a ellos creció una feria de raíces medievales que hoy reúne a la industria editorial de distintos continentes. En ese espacio, donde los países construyen presencia, negocian derechos y muestran la fuerza de sus catálogos, Chile se prepara para asumir en 2027 una posición inédita: será País Invitado de Honor de la Feria del Libro de Frankfurt.
A un año de ese acontecimiento, Vivian Lavín entrevista en Vuelan las Plumas a Patricia Araya, embajadora y directora de la DIRAC, la Dirección de Culturas, Artes, Patrimonio y Diplomacia Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores. La conversación ocurre en el stand chileno de la feria, un lugar que resume un trabajo iniciado hace más de una década. Desde 2014, Chile sostiene una presencia continua en Frankfurt, abriendo un mercado complejo y mostrando una oferta editorial que se ha profesionalizado con autores, editores, agentes literarios y nuevas capacidades para internacionalizar sus obras.
Araya llega por primera vez a la feria en el ejercicio de su cargo. Su mirada parte de una convicción: la política exterior no se construye solamente mediante posiciones bilaterales y multilaterales, acuerdos comerciales o atracción de inversiones. Un país también necesita explicar quién es, qué memoria lo sostiene y qué relato desea compartir con el mundo. En ese territorio actúa la diplomacia cultural.
"La diplomacia cultural es una herramienta esencial para generar puentes entre los países y también para dar a conocer Chile. Si no tenemos un relato de país, no tenemos una imagen país y no somos capaces de tener una diplomacia que hable de nuestro país hacia el exterior, nada de eso sería posible."
La cultura aparece así como una forma de diplomacia pública capaz de acompañar los aspectos más visibles y duros de la política exterior. No reemplaza las negociaciones económicas ni las decisiones estratégicas, pero crea las condiciones de conocimiento y confianza que permiten sostenerlas. La literatura, el cine, la música, las artes visuales, el patrimonio y las artes escénicas no son únicamente expresiones que viajan: son maneras de hacer reconocible a Chile ante otras sociedades.
La pregunta por el relato obliga a mirar el país desde fuera. Patricia Araya reconoce una tradición literaria de alcance internacional, marcada por Gabriela Mistral y Pablo Neruda, pero también por el trabajo de generaciones de creadoras, creadores y profesionales de la cultura. Gabriela Mistral ocupa un lugar especialmente vivo: poeta, educadora y figura internacional cuya presencia continúa interrogando la manera en que Chile se representa a sí mismo.
A esa tradición se suman rasgos que la directora de la DIRAC considera esenciales para comprender la singularidad chilena. Chile es un país abierto por necesidad histórica y geográfica. Su astronomía, sus laboratorios naturales, su territorio antártico, la cordillera, el cobre y la vocación marítima construyen una imagen que no se limita a un producto o a una campaña. Son elementos de una historia territorial desde la cual el país se vincula con Europa, América Latina y Asia-Pacífico.
"Somos un país particular, un país profundamente abierto. Si no fuese esa nuestra característica, no podríamos crecer, desarrollarnos ni darle oportunidades a nuestra población. Eso nos ha obligado a preguntarnos qué tenemos de particular."
La apertura también exige capacidades. Araya observa con optimismo que las nuevas generaciones viajen y aprendan inglés. Para un país que busca ofrecer servicios, exportar conocimiento y relacionarse con mercados lejanos, el dominio de otras lenguas es indispensable. Pero esa proyección no puede desprenderse del patrimonio: avanzar hacia el exterior supone comprender la propia historia y lo que Chile tiene para decir.
En la conversación, Vivian Lavín pone el acento en la madurez alcanzada por el ecosistema chileno del libro. La presencia internacional ya no descansa únicamente en sus premios Nobel. Existe una oferta editorial capaz de presentarse sin pedir permiso, construida mediante el trabajo de editoriales, autores, traductores, ilustradores y agentes literarios. La profesionalización permite que los libros sean entendidos también como parte de una política de circulación cultural y no solo como objetos aislados.
Para la diplomacia chilena, esa labor forma parte de una vocación aprendida desde el comienzo de la formación profesional. Patricia Araya recuerda el lema de la Academia Diplomática de Chile: "Pro Chile Loquor", hablo por Chile. La frase condensa una responsabilidad que no se agota en la representación formal del Estado. Hablar por Chile implica escuchar sus voces, comprender sus conflictos y encontrar los lenguajes capaces de acercarlo a otros países.
"Para nosotros, como diplomáticos, el tema de la diplomacia cultural es parte del ADN de nuestra formación. Nuestra Academia Diplomática tiene un lema que dice 'Pro Chile Loquor': hablamos por Chile, hablo por Chile."
La idea del puente reaparece cuando la conversación se desplaza hacia Corea del Sur, el primer país con el que Chile firmó un Tratado de Libre Comercio. El vínculo comenzó en el ámbito comercial, pero abrió un conocimiento mutuo que hoy puede extenderse a las industrias creativas. Para Araya, Chile fue elegido porque había construido una credencial, una trayectoria negociadora y una escala de calidad que lo convertían en un socio confiable. La cultura puede ampliar esa relación y darle profundidad.
Todavía cuesta que las empresas incorporen esta dimensión y avancen junto a los libros, las artes o el cine. El relato cultural debe atravesar sectores que habitualmente trabajan separados. Frankfurt 2027 puede ayudar a modificar esa lógica, porque la condición de País Invitado de Honor no se reduce a ocupar un pabellón dentro de la feria: ofrece una plataforma de proyección que puede alcanzar el turismo, las inversiones, las exportaciones y la imagen internacional de Chile.
"Esta feria nos va a servir en todo eso, porque tenemos que pensar que es una gran plataforma que va a derramar hacia otros ámbitos. Vamos a trabajar sistémicamente. Esa es la idea."
Una de las herramientas concretas de esa diplomacia es el Programa de Traducción de la DIRAC. A través de él, obras chilenas han encontrado editoriales y lectores en África, Europa y Asia-Pacífico. La traducción no consiste simplemente en cambiar palabras de una lengua a otra. Permite que las historias sean leídas desde otras experiencias culturales y que un lector conozca Chile mediante su propio idioma, con las asociaciones y sensibilidades que ese idioma contiene.
"A través de ese Programa de Traducción hemos acompañado no tan solo a editoriales, sino también a nuestros autores, para que los conozcan en África, en Asia-Pacífico. Son más de veinte idiomas de traducción. Eso es maravilloso."
Leer a Chile puede despertar curiosidad por sus paisajes, sus conflictos, sus productos y su gente. Allí se cruzan la cultura, el turismo, la conectividad y la economía. Incluso la ausencia de vuelos directos entre Santiago y Frankfurt forma parte de la conversación: los puentes simbólicos necesitan rutas materiales. La diplomacia cultural abre puertas, pero su alcance crece cuando el país actúa coordinadamente.
El horizonte inmediato es octubre de 2027. Durante cinco días, Chile tendrá una visibilidad excepcional en la feria y en la ciudad de Frankfurt. El equipo encargado de la participación chilena ya recorre espacios y establece vínculos para que el programa desborde el ámbito estrictamente literario. La aspiración es convocar a autores, poetas y pensadores, pero también a la pintura, la música, las artes escénicas, el cine y la gastronomía.
"Vamos a teñir de blanco, azul y rojo la ciudad de Frankfurt. Queremos ocupar todos los espacios y atraer no tan solo a nuestros autores literarios, sino también a nuestra pintura, nuestras artes escénicas, nuestro cine y nuestra música."
La recepción alemana, cuenta Araya, ha sido excelente. El cambio de dirección de la feria introduce además una coincidencia significativa: Chile será el primer País Invitado de Honor del nuevo director. Esa transición muestra la importancia de las personas, pero también la necesidad de que las relaciones internacionales no dependan de ellas. Los equipos cambian; los vínculos y el trabajo acumulado deben permanecer.
"Las personas somos muy importantes, pero lo importante es que las instituciones permanecen, los vínculos permanecen. A veces las personas cambian, pero eso no importa: lo importante es la secuencia."
Chile llegará a Frankfurt 2027 con una tradición literaria reconocida, una industria que ha aprendido a profesionalizarse y una red institucional construida durante años. El desafío será convertir esa visibilidad en relaciones duraderas y evitar que el acontecimiento quede reducido a una celebración de cinco días. La diplomacia cultural adquiere entonces su sentido más profundo: hacer que un país pueda ser leído, escuchado y comprendido desde otras lenguas y otras miradas, mientras aprende también a reconocerse en el relato que lleva al mundo.
Entrevista emitida el miércoles 14 de octubre de 2026 en Vuelan las Plumas.
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Foto: DIRAC





