Javier Llaxacondor y la "pandilla de poetas" que mantiene viva la poesía

El director del FIP Santiago anticipa su novena edición y reflexiona sobre la amistad, la identidad migrante y el deber de crear espacios donde la poesía vuelva a encontrarse con sus públicos. Nueve años después de su primera edición, el FIP Santiago continúa porque una comunidad decidió que la poesía merecía ser compartida.

Hay festivales que nacen con presupuestos, equipos estables y estructuras institucionales. Otros se levantan con algo más difícil de contabilizar: una red de afectos, confianza y voluntad compartida. El Festival Internacional de Poesía de Santiago, FIP Santiago, pertenece a esta segunda estirpe. A pocos días de su novena edición, que se realizará entre el 28 y el 30 de octubre de 2026, su director, Javier Llaxacondor, conversa con Vivian Lavín en Vuelan las Plumas sobre el modo en que la poesía consigue abrirse paso incluso cuando los recursos escasean.
Nacido en Lima en 1982 y avecindado en Chile desde hace cerca de una década, Llaxacondor es poeta, editor y creador de proyectos que han tejido una comunidad en torno a la palabra. El FIP Santiago, la editorial Las Bacantes y el podcast Poetas Ruculistas forman parte de una misma constelación. No son iniciativas aisladas, sino caminos complementarios para que los poemas circulen, se traduzcan, se escuchen y encuentren lectores en un presente que suele relegar la poesía a los márgenes.
Cuando el festival comenzó en 2018, la aspiración era institucionalizar la poesía y convertir el encuentro en un referente capaz de enlazar sus distintas expresiones en Chile y otros países. Nueve versiones después, la experiencia ha modificado aquella imagen inicial. Llaxacondor ya no describe el FIP como una institución solemne, sino como una agrupación mucho más libre y vital, sostenida por quienes aceptan poner sus voces, su tiempo y su confianza al servicio de una obra común.
"Hoy, nueve versiones más tarde, yo creo que el FIP se ha convertido más bien en una banda, en una pandilla de poetas."
La palabra que explica esa continuidad no es financiamiento ni infraestructura. Es amistad. De ella nace la solidaridad que permite reunir a poetas de Francia, China, Argentina, Perú, España, Cuba, Uruguay y Chile, aun cuando el festival dispone de recursos mínimos. La programación se construye mediante alianzas con instituciones culturales, universidades, municipios, editoriales y, sobre todo, con una comunidad literaria dispuesta a colaborar. La precariedad no se romantiza: Llaxacondor sabe que el trabajo artístico debería ser remunerado. Pero también reconoce la potencia de una red que se niega a dejar la poesía sin escenario.
"Si tú me preguntas cómo hemos llegado a hacer esta novena versión, debería referirme solamente a una palabra: amistad. Y la amistad va trayendo de la mano siempre la solidaridad."
En esa explicación aparece también el surrealismo. Hay algo de la vieja escuela de André Breton, dice, en la capacidad de asociar mundos distantes y convertir una aparente imposibilidad en un acontecimiento. Una delegación china puede encontrarse con poetas mapuches; voces llegadas desde Chiloé pueden dialogar con autoras españolas; poetas francesas pueden acercar a Gabriela Mistral a lectores francófonos. El festival no propone una vitrina de nombres separados, sino cruces que alteran las fronteras habituales entre lenguas, territorios y generaciones.
La trayectoria personal de Llaxacondor vuelve más profunda esa búsqueda. Salió de Perú hace veinticinco años y ha vivido en México, Colombia, Inglaterra y Chile. En Lima ya no siempre es percibido como peruano; en China ha sido presentado como poeta chileno nacido en Lima. Entre un país y otro, su identidad dejó de ser una definición fija para convertirse en una experiencia en movimiento, semejante a la de tantas personas marcadas por la migración o el exilio.
"Tú me ves en tu chilenidad como peruano, pero llego al Perú y los peruanos ya no me ven como peruano. Soy una cosa intermedia, una identidad que va transformándose."
Esa condición intermedia no supone falta de pertenencia. Por el contrario, permite reconocer varias pertenencias a la vez. Llaxacondor se siente también chileno y agradece la familia literaria que ha encontrado en este país. Su experiencia cuestiona la necesidad de encerrar a un poeta dentro de una sola nacionalidad y recuerda que América Latina ha construido buena parte de su historia cultural gracias a desplazamientos, correspondencias, traducciones, viajes y libros llevados de mano en mano.
Vivian Lavín lo llama gestor cultural, pero él rechaza esa etiqueta cuando se aplica a sí mismo. No porque desestime el oficio, sino porque organizar un festival implica una cantidad de tareas que siente alejadas del acto poético. Hacer presupuestos, coordinar traslados, conseguir sedes y resolver contingencias no es lo que un poeta necesariamente desea hacer. Sin embargo, cuando faltan circuitos profesionales capaces de sostener la poesía, alguien debe crearlos.
"Es un deber de los poetas devolverle la dignidad a las palabras. Y como la poesía no es algo que se venda como pan caliente, los circuitos que tenemos que crear son estos: ferias, encuentros, conversatorios y festivales."
La conversación recupera entonces una escena que resume el espíritu del FIP. En los años setenta, la poeta argentina Diana Bellessi viajó por tierra desde Buenos Aires hasta México. En Lima conoció a los integrantes de Hora Zero y recibió libros de Jorge Pimentel. Más tarde, ya en México, esas obras llegaron a manos del joven Roberto Bolaño y participaron del impulso que daría origen al infrarrealismo, transformado después en "real visceralismo" en Los detectives salvajes. Más allá de la anécdota literaria, importa la imagen: una maleta cargada de libros que atraviesa fronteras y altera otras escrituras.
"La gente que está realmente comprometida con la literatura llena la maleta de libros, viaja y hace estas épicas. Ese es el espíritu del festival."
La novena edición extiende ese espíritu por distintos puntos de Santiago. El miércoles 28, el Teatro de la Casona Dubois, en Quinta Normal, recibirá por la mañana a estudiantes de varios colegios que han leído previamente a los invitados. Ese mismo día, a las 18:30 horas, el Instituto Francés acogerá la inauguración con cerca de veinte poetas de distintas procedencias. La jornada pondrá especial atención en los vínculos entre Chile y Francia y en la traducción de la obra de Gabriela Mistral.
El jueves 29, la Universidad de Santiago reunirá a Irène Gayraud y Damaris Calderón en un diálogo cruzado: cada una hablará del libro de la otra. "Pasar el Verano", de Gayraud, aborda la crisis climática, mientras "Que los hombres entierren sus casas", de Calderón, se aproxima al desarraigo. Gabriela Mistral será el horizonte compartido, vinculada tanto a una sensibilidad ecológica como a la experiencia de vivir lejos del lugar de origen. El encuentro enfatizará, además, las perspectivas feministas que el festival busca hacer visibles en un campo históricamente inclinado hacia las voces masculinas.
El cierre será el viernes 30 en la Casa de la Cultura de Ñuñoa, donde la poesía convivirá con una exposición de Bruna Truffa. Allí se encontrarán voces procedentes de distintos territorios, trayectorias y modos de entender el oficio. Esa amplitud responde a una convicción central de Llaxacondor: escribir poemas no concede automáticamente la condición de poeta, del mismo modo que una persona puede habitar poéticamente el mundo sin publicar versos.
"Este es un festival de poesía para no poetas. No porque escribas poemas eres poeta, y no porque no los escribas no lo eres. La poesía es absolutamente transversal y humana."
La dimensión educativa ocupa un lugar decisivo. Llaxacondor recuerda una actividad anterior en Quinta Normal, cuando un poeta sueco leyó textos que mezclaban sueco e inglés. Un estudiante respondió que en Chile también existía esa práctica y mencionó al poeta mapuche Leonel Lienlaf que escribía en mapudungun y español. El intercambio invirtió la dirección habitual del conocimiento: el invitado extranjero descubrió una tradición local gracias a un niño que había aprendido a reconocerla. Allí la mediación deja de ser una explicación vertical y se convierte en conversación.
Al final, la programación importa tanto por sus figuras reconocidas como por la posibilidad de aproximar experiencias que rara vez coinciden. Raúl Zurita y otros poetas consagrados con estudiantes; traducción francesa de Mistral, poesía mapuche y escrituras procedentes de Asia...La diversidad no aparece como consigna decorativa, sino como una práctica concreta que permite escuchar la complejidad del presente.
"En Perú jamás hubiese podido hacer la familia literaria que he hecho acá y les estoy muy agradecido. Aquí estamos nosotros, a pura épica."
La épica de la que habla Llaxacondor no consiste en convertir la falta de recursos en virtud, sino en responder a esa falta con imaginación colectiva mientras se reclama un lugar más digno para el trabajo poético. Entre instituciones que colaboran, autores que viajan y lectores que se acercan, la palabra vuelve a cumplir su tarea más antigua: cruzar una frontera, encontrar a otra persona y modificar, aunque sea por un instante, la manera de mirar el mundo.
Entrevista emitida el miércoles 21 de octubre de 2026 en Vuelan las Plumas.
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