Entrevista a Magdalena Ulloa:

Un diccionario para escuchar cómo habla la tierra

El Diccionario de saberes de la naturaleza del pueblo mapuche reúne 254 entradas construidas a partir de cuatro años de investigación, talleres y conversaciones con habitantes de Pucón y Curarrehue. Sus páginas enlazan mapuzugun, memoria y conocimiento territorial para acercar a las infancias una relación con la naturaleza basada en el respeto. La periodista cultural Vivian Lavín entrevista en Vuelan las Plumas a Magdalena Ulloa Davet, directora de la ONG Otro Hábitat y coautora de la obra junto a Ana Luisa Millaqueo Fuentes. La conversación incorpora las voces de quienes conservan estos saberes en el territorio.


Una cigarra no es solamente un insecto. Su canto anuncia la maduración de la frutilla silvestre. Un cóndor que vuela bajo puede anticipar la nieve. El puelche permite leer los días venideros y una vertiente no es un lugar vacío: tiene una presencia que la guarda. En el "Diccionario de saberes de la naturaleza del pueblo Mapuche", la tierra no aparece como un conjunto de recursos, sino como una trama viva en la que animales, plantas, aguas, clima, personas y fuerzas espirituales se relacionan y se comunican.
Publicado por Ediciones Otro Hábitat, el libro fue compilado por Magdalena Ulloa Davet y Ana Luisa Millaqueo Fuentes. En la investigación participaron también Piera Medina y Daniela Fullerton, junto con personas de distintas comunidades y tres escuelas de Pucón y Curarrehue. El punto de partida fue Saberes territoriales para la infancia, un proyecto que invitó a niñas y niños a llevar bitácoras a sus hogares y conversar con abuelas, abuelos, madres, padres, tías y tíos sobre la naturaleza que los rodeaba.
La inquietud nació cuando Magdalena llegó a La Araucanía con su hija pequeña. Arquitecta, magíster en Geografía Humana por King's College London y National Geographic Explorer, se preguntó cómo las familias mapuche relataban a sus hijos los coihues, los volcanes, las nubes y las estrellas. Descubrió que existía un universo de conocimientos, pero que no era sencillo acceder a él mediante libros destinados a públicos amplios.
Durante cuatro años, el proyecto creció a través de talleres, investigación bibliográfica, entrevistas y mensajes de voz. El resultado no es una colección de curiosidades ni una simple transcripción de testimonios. Es un diccionario de consulta que permite entrar por el sol, el clima, las aves, las plantas medicinales, la funga, las piedras o los espacios del agua, sin perder de vista que esos saberes no caben fácilmente en las categorías occidentales.
La dificultad de ordenar fue también una enseñanza. Si un ave anuncia un cambio del tiempo, ¿su saber corresponde a la entrada de las aves o a la del clima? Si la cigarra es llamada azülkeyenfe, la maduradora de frutillas, su canto pertenece tanto al insecto como a la kelen, la frutilla mapuche. El libro acepta esas repeticiones porque hacen visible una comprensión interespecie, donde cada elemento existe en relación con otros.
Magdalena reconoce, además, que todo ordenamiento implica una mediación. Aunque el libro conserva fragmentos literales y está sostenido por voces del territorio, las compiladoras asumieron la responsabilidad de seleccionar, traducir y organizar. Esa conciencia evitó presentar la obra como una autoridad cerrada y permitió situarla como un trabajo en desarrollo, abierto a nuevas entradas y testimonios.
"Yo creo que es honrar el saber y el patrimonio vivo que hay en el territorio. Son voces que son muy pocas veces escuchadas y que tienen un universo de conocimiento. Para nosotras era muy importante que sus voces, sus nombres y sus testimonios fueran la base de este diccionario."
Magdalena Ulloa
Por eso, cada nombre importa. Frente a la posibilidad de tomar el dato, reelaborarlo y borrar su origen, las autoras optaron por mantener la oralidad, identificar a quienes compartieron los conocimientos y señalar el lugar al que pertenecen. La voz no funciona como una ilustración secundaria del contenido: es su fundamento.
Esa decisión permite oír distintos modos de leer el mundo. José Loncopán recuerda que los mayores podían anticipar lluvia, temporal o varios días de buen tiempo observando las heladas y sintiendo si el puelche llegaba frío o tibio. Sandra Millaqueo explica que las aves cumplen funciones precisas: la tenca anuncia visitas, el cóndor puede advertir la nieve, el pitío se asocia con la muerte de alguien cercano y el canto del chucao puede predecir la suerte, según el lado desde el cual se escucha.
Elena Aguilera también vincula el comportamiento de los pájaros con acontecimientos que alteran el entorno. Augusto Aguilera, en cambio, pone el acento en la recolección de remedios: antes de tomar una planta es necesario pedir permiso y retirar solamente lo indispensable. No sacar de más expresa una ética concreta del cuidado, anterior al lenguaje contemporáneo de la sustentabilidad.
En el corazón del libro están los ngen, dueños o espíritus guardianes de los distintos espacios de la naturaleza. El bosque, las piedras, los ríos y las cascadas poseen una presencia que exige respeto. Acercarse a esos lugares implica reconocer que no están deshabitados y que la persona no ocupa una posición superior frente a ellos.
"Los esteros o el trayenko que le decimos nosotros en mapuzugun, no está solo. Y las cordilleras, las pinaladas tampoco están solas: hay seres espirituales que los cuidan, que los protegen. Entonces todo eso ellos lo respetaban."
Manuel Rivera Huilipán
Pedir permiso puede expresarse mediante semillas, palabras o gestos, pero no se reduce a una fórmula. Según explica Magdalena, debe existir una disposición verdadera. Es la misma diferencia que hay entre pronunciar un saludo mecánico y entrar con respeto a una casa ajena. En esta visión, una montaña, un río o una vertiente no son espacios disponibles para cualquier uso: son ámbitos con límites y memoria.
Emilia Quintrilef transmite esa dimensión mediante el relato del Shumpall, una presencia vinculada al agua que un familiar habría visto lavándose el rostro junto a un trayenko. La historia conserva la fuerza de un conocimiento que no separa con facilidad lo visible de lo espiritual. No se entrega como una pieza de folclor, sino como parte de la manera en que una comunidad comprende los riesgos, las presencias y las normas de relación con el agua.
El diccionario también registra una herida. José Loncopán recuerda que la discriminación escolar hizo que muchas familias dejaran de hablar mapuzugun a sus hijos. Cuando ingresó a la escuela, cerca de los nueve años, sabía poco castellano y fue objeto de burlas por no pronunciarlo correctamente. La pérdida de la lengua aparece así ligada a una violencia social concreta y no a un abandono voluntario.
"En la discriminación, ahí se perdió nuestro idioma. Los papás, los tíos no nos querían hablar porque se burlaban de nosotros. Yo mismo, cuando entré al colegio, sabía muy poco castellano y se burlaban de los que no podíamos pronunciar."
José Loncopán
La preocupación por el mapuzugun atraviesa toda la edición. Para revisar palabras y grafías, el equipo contó con la orientación de la poeta e investigadora mapuche María Isabel Lara Millapán y tomó como referencia el Diccionario araucano-español y español-araucano de Félix de Augusta, en la edición de Belén Villena Araya. El cuidado lingüístico no busca fijar una lengua esencialmente oral, sino reconocer sus variaciones y tratarla con el rigor que merece.
El trabajo de Otro Hábitat se extiende a Memoria Huertera, iniciativa que reúne las voces de mujeres campesinas e indígenas y las vincula con escuelas. Más que convertir sus prácticas en contenidos abstractos, el proyecto muestra a las propias portadoras del conocimiento. Para Magdalena, allí existe una riqueza capaz de ayudar a las infancias a comprender el pasado, pero también a imaginar el futuro.
Esa continuidad es decisiva. El diccionario no propone regresar de manera nostálgica a un mundo intacto, sino escuchar conocimientos que pueden orientar las relaciones actuales con el territorio. Frente a la extracción sin límite, el ruido y la idea de que todo espacio debe ser conquistado, las voces reunidas plantean una pregunta sencilla y radical: ¿sabemos realmente qué estamos tocando antes de intervenirlo?
Silvia Navarro, de Lonkofilo, resume el sentido profundo de la obra: conocer es la condición para cuidar. Proteger el entorno exige valorarlo, hablar con él y comprender por qué debe permanecer. El libro se convierte así en un puente entre generaciones y en una invitación a que las niñas y los niños reconozcan que sus territorios también son bibliotecas vivas.
"Hay que conocerlo para poder protegerlo, para saber qué es lo que estoy cuidando y por qué lo estoy cuidando, para buscar la forma de que eso siga ahí, intacto, como yo lo vi, como yo pude entenderlo. Eso es ser mapuche."
Silvia Navarro
El Diccionario de saberes de la naturaleza del pueblo mapuche será presentado el miércoles 23 de septiembre de 2026, a las 19:00 horas, en la Biblioteca del GAM. Participarán Magdalena Ulloa, Ana Millaqueo y la ilustradora Crisol Reyes. La actividad incluirá lecturas, una conversación sobre el proceso de creación y la participación musical de Daniela Millaleo. Habrá ejemplares disponibles a precio de preventa y se sorteará un libro.
Les invitamos a escuchar la entrevista que realizó Vivian Lavín a Magdalena Ulloa Davet para el programa Vuelan las Plumas, junto con los testimonios de Augusto Aguilera, Elena Aguilera, Emilia Quintrilef, José Loncopán, Sandra Millaqueo y Manuel Rivera Huilipán.
Fecha de emisión: 16 de septiembre de 2026.
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