Entrevista a Mariana Schkolnick:

Escribir con la urgencia de no olvidar

En Las mujeres que me habitan (Libros de la Lumbre, 2025) , Mariana Schkolnick reúne voces familiares, políticas y generacionales. Sus cuentos interrogan la memoria, la identidad judía y las vidas de mujeres que se niegan a desaparecer.

"Este libro fue escrito con la urgencia de no olvidar". La frase abre Las mujeres que me habitan, publicado por Ediciones de la Lumbre, y también abre una conversación sobre la memoria y sus zonas frágiles. Mariana Schkolnick escribe contra el borramiento: el de las historias familiares, el de las mujeres, el del exilio, el de la dictadura y el de un siglo atravesado por el genocidio nazi.
"Hay una urgencia de no olvidar, porque uno siente que la memoria es frágil y que muchas historias pueden desaparecer".
Los cuentos forman una galería de voces. Algunas nacen de experiencias cercanas; otras exigen imaginar la intimidad de personas muy distintas a la autora. Schkolnick entiende ese desplazamiento como un ejercicio de empatía, pero también como un problema literario: entrar en otra mente, construirla con precisión y evitar que la escritura se convierta en una explicación.
"Escribir es meterse en la cabeza del otro. Uno puede tomar algo que ocurrió, pero después tiene que imaginar cómo lo vivió esa persona".
Mariana dice que siempre fue cuentista. Inventaba relatos para sus hijos y ahora continúa una historia interminable para sus nietos, que recuerdan exactamente dónde quedó suspendida la aventura. También pasó por talleres desde muy joven, con Gonzalo Contreras, Jaime Collyer, Marcelo Simonetti y otros autores. Allí aprendió que escribir implica escuchar, corregir y soportar que un final todavía no funcione.
"Sola uno no puede. A veces le pongo varios finales y los talleristas tienen que tener la paciencia de escucharlos todos".
La oralidad ocupa un lugar decisivo en su proceso. Lee los cuentos en voz alta para encontrar una coma, un párrafo o un ritmo que en la página silenciosa no se revelaba. Esa escucha conecta su trabajo con el espíritu radial: la escritura también necesita pasar por el cuerpo antes de encontrar su forma.
"Necesito leerlos en voz alta. Ahí me doy cuenta de que falta una coma o de que algo tiene que ir en otro párrafo".
Entre sus referentes aparece Virginia Woolf y su capacidad para entrar en varias conciencias dentro de una misma escena. Mariana quisiera avanzar hacia una escritura coral, capaz de mostrar lo que piensan diferentes personajes sin reducirlos a una sola mirada. La memoria familiar, entonces, no es una versión definitiva: es un coro de percepciones que se contradicen y se completan.
"Tengo una envidia infinita por Virginia Woolf, porque se mete en la mente de todos. Ese es el desafío que todavía tengo: escribir de manera multivocal".
Los cuentos de Las mujeres que me habitan no siempre entregan una resolución. Algunas historias terminan en el instante preciso que la autora quiso iluminar. A lectores más conservadores les incomoda que no continúen; Mariana responde que la vida también está hecha de espacios breves, escenas que no explican lo que ocurrió después.
Nuestra generación, dice, tiene que contar las cosas como fueron y como son. En esa tarea, la ficción no reemplaza a la memoria: le presta voces, habitaciones y cuerpos. Tal vez escribir contra el olvido no asegure que todo permanezca. Pero permite que, por un momento, esas mujeres vuelvan a habitar el presente.
Entrevista emitida el 3 de diciembre de 2025 en Vuelan las Plumas.
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