Entrevista aa Martín Gómez:

América Latina comienza a tejer su propio mapa editorial

Desde LIBER 2026, en Barcelona, el consultor editorial colombiano analiza las redes independientes que hacen circular libros y derechos en América Latina, y presenta un revelador estudio sobre la internacionalización de las autoras latinaomericamas realizado por encargo del CERLALC.

Una chilena y un colombiano se encuentran en España para hablar de América Latina. La escena ocurre en LIBER 2026, la feria profesional del libro que alterna su sede entre Madrid y Barcelona, y la paradoja no pasa inadvertida. Hay que cruzar el Atlántico para conversar sobre los libros que se escriben, editan y leen a este lado del mundo. Pero también hay algo nuevo: mientras los grandes grupos concentran sellos y mercados, una trama de editoriales independientes comienza a intercambiar información y a hacer circular derechos entre países latinoamericanos.
La periodista chilena Vivian Lavín entrevista en Vuelan las Plumas a Martín Gómez, consultor editorial colombiano radicado en España y antiguo integrante del Instituto Caro y Cuervo. Gómez observa la industria desde ambas orillas del Atlántico y estudia las rutas por las que viajan los libros, los autores y sus derechos. LIBER 2026, explica, no es una feria destinada a la venta directa al público, sino un lugar de trabajo para quienes editan, distribuyen y comercializan libros.
"Yo vengo a LIBER porque es un encuentro de profesionales del ámbito hispanohablante que provienen de ambas orillas del Atlántico. Al final es un punto de encuentro para quienes trabajan básicamente en la edición, en la distribución y en la comercialización de libros."
A las transacciones comerciales se suma una programación profesional que permite leer el presente de una industria sometida a transformaciones rápidas. Una de ellas continúa avanzando: la concentración de la propiedad en grandes conglomerados. Gómez menciona adquisiciones realizadas por Penguin Random House y Planeta, y la compra de Vicens Vives por el grupo finlandés Sanoma. Cada operación modifica el equilibrio del ecosistema y reduce el número de proyectos autónomos.
El movimiento, sin embargo, no tiene una sola dirección. En paralelo a la expansión de los grandes grupos, Gómez reconoce un auge sostenido de la edición independiente en España y en países como Chile, Argentina, México, Colombia y Perú. No se trata únicamente de sellos pequeños que sobreviven en los márgenes de la industria, sino de un circuito que consolida catálogos, lectores, vínculos profesionales y nuevas formas de colaboración. En esa convivencia entre concentración y diversidad se juega parte del futuro del libro en español.
"Paradójicamente, hay otro cambio que yo considero muy importante, que es un boom de la edición independiente. Ya no son solo grandes grupos que copan el mercado y se quedan con todo, sino que cada vez más hay un amplio abanico de editoriales independientes en numerosos países hispanohablantes."
A este mapa se agregan las transformaciones tecnológicas. El libro electrónico parece haber alcanzado un techo, mientras el audiolibro continúa expandiéndose. Para América Latina, su condición digital permite atravesar fronteras sin cargar con los altos costos de trasladar un libro impreso entre Santiago, Bogotá o Buenos Aires. En una región unida por el español, pero fragmentada por la distribución, el audio abre una vía concreta de circulación.
La conversación ocurre en un programa de radio. Vivian Lavín recuerda la tradición radiofónica latinoamericana y la relación entre voz, escucha y relato. El audiolibro puede reducir una barrera persistente: la dificultad material de mover libros dentro del continente. A ello se suman las preguntas que abre la inteligencia artificial generativa y agéntica en los procesos de la industria editorial.
Para Gómez, uno de los cambios más fértiles no proviene de una tecnología, sino de los vínculos que las editoriales latinoamericanas han empezado a construir entre sí. Aunque España continúa siendo la principal industria del libro en español y el país de origen de varios grandes grupos, las editoriales independientes de la región dependen cada vez menos de ella para encontrarse, recomendarse autores y ampliar la circulación de sus obras.
"Cada vez estamos dependiendo menos de España. Seguimos siendo dependientes de España, que es la gran industria y el gran mercado en español, pero la verdad es que, sobre todo en el ámbito de la edición independiente, se ha generado en nuestros países un circuito de editoriales."
El cambio decisivo consiste en que ya no circulan solamente ejemplares: circulan derechos. Una obra publicada por Laurel en Chile puede encontrar una nueva edición en Laguna Libros, en Colombia; después puede llegar a Blatt & Ríos, en Argentina, o a Moinhos, en Brasil. El libro no necesita cruzar físicamente cada frontera desde su punto de origen. Su derecho de publicación viaja, se adapta a otro catálogo y vuelve a encontrarse con lectores desde una estructura local.
Ese circuito nace de relaciones profesionales, pero crece gracias a algo menos cuantificable: la confianza. Los editores intercambian información, observan la recepción de los libros y recomiendan obras que consideran valiosas. Gómez utiliza una palabra que devuelve una dimensión humana a la compraventa de derechos: complicidades. Durante décadas, editoriales europeas como Anagrama, Feltrinelli o Christian Bourgois compartieron información sobre sus autores. Hoy, sellos latinoamericanos comienzan a construir redes semejantes.
"Al establecer vínculos y tejer redes, lo que termina pasando es que se generan complicidades. No es que las editoriales peruanas quieran exportar libros a Chile, sino: 'Mira, te recomiendo este autor; yo lo publiqué en Perú, publícalo tú en Ecuador'."
La internacionalización de las autoras latinoamericanas permite observar ese proceso con mayor precisión. Por encargo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, CERLALC, Gómez publicó el estudio "Panorama actual de la internacionalización de las autoras latinoamericanas de narrativa". Allí sigue las obras y los circuitos por los que se desplazan. Gabriela Wiener circula en Chile, Colombia, Ecuador y Perú; María José Ferrada es publicada en Argentina, Uruguay y otros países. A esa movilidad se suman España y las traducciones a otras lenguas.
Brasil aparece como una posibilidad cercana que América Latina todavía no termina de mirar. Más allá del continente, las traducciones llevan a las autoras hacia Estados Unidos y distintos países europeos. En Estados Unidos conviven una extensa población hispanohablante y lectores que buscan libros en español como parte de su aprendizaje de la lengua.
En ese recorrido, las agencias literarias cumplen una función determinante. El estudio muestra que las autoras que alcanzan más territorios y avanzan con mayor rapidez suelen trabajar con una agencia. No se trata solamente de conseguir una editorial extranjera. La agencia actúa como puente, acompaña la circulación de la obra y defiende a la autora frente a contratos que pueden reclamar derechos excesivos, territorios demasiado amplios, todos los formatos o una vigencia sin plazo de caducidad.
"Las agencias literarias sirven como puente con las editoriales y trabajan para que la obra de las autoras se publique, se publique bien y circule bien. Además, procuran defender los derechos de las autoras de cara a las editoriales."
La investigación también registra la proyección internacional de distintas escrituras góticas: rioplatense, andina y caribeña. En ellas aparecen experiencias indígenas y afrodescendientes, sexualidades diversas y cuerpos que durante mucho tiempo permanecieron fuera de los espacios de mayor visibilidad editorial. La palabra "boom" surge casi inevitablemente, asociada a la expansión de las escritoras latinoamericanas y al recuerdo del fenómeno literario de los años sesenta. Gómez, sin embargo, introduce una corrección necesaria.
Recomienda "No somos boom", de las investigadoras chilenas Lorena Amaro y Fernanda Bustamante, publicado por el Fondo de Cultura Económica de Chile. El título discute la idea de que las mujeres hubieran comenzado a escribir de pronto, como si su presencia fuese una novedad espontánea del mercado. Las escritoras siempre estuvieron allí. Lo que cambió fue la posibilidad de acceder a espacios de publicación, circulación y reconocimiento que durante décadas les habían sido negados.
"No es que de repente las mujeres hayamos empezado a escribir. Siempre hemos escrito; lo que pasa es que antes no nos abrían las puertas y nos silenciaban."
La conversación termina donde comenzó: en la geografía extraña del libro en español. Una periodista chilena y un consultor colombiano deben encontrarse en Barcelona para pensar las relaciones editoriales de América Latina. La distancia, reconoce Vivian Lavín, a veces permite mirarse mejor; pero también revela las dificultades que aún impiden un diálogo más fluido entre países vecinos. Martín Gómez lo formula como una paradoja de nuestro mundo hispanohablante.
"No deja de ser paradójico que una chilena y un colombiano tengan que encontrarse en España, en lugar de encontrarse en Chile, en Colombia o en un punto intermedio como Ecuador, Perú o Bolivia."
Esa paradoja todavía duele, pero ya no permanece inmóvil. Los derechos comienzan a cruzar fronteras, las editoriales se recomiendan autores, las agencias protegen y proyectan las obras, y las escritoras encuentran lectores en lenguas y territorios diversos. Tal vez el nuevo mapa editorial latinoamericano no tenga un único centro. Tal vez se dibuje precisamente así: como una red de voces, catálogos y complicidades capaz de reconocerse, leerse y circular por sí misma.
Entrevista realizada en LIBER 2026, Barcelona, para Vuelan las Plumas.
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