Libertad
La pregunta, en este caso, sería: ¿vale la pena sumergirse en las 700 páginas de este libro o es mejor dejarlo pasar? Creo que eso va a depender de haber o no leído previamente a Franzen en Las correcciones, una novela notable que parecía desmenuzar a una familia común y corriente y dejarla en carne viva. De modo que si alguien quiere invertir tiempo y energía en una novela de largo aliento y no ha leído Las correcciones, a no dudar entonces que empiece por ella. Y si al terminarla se ha hecho fanático de Franzen, entonces que siga adelante con Libertad.
En ambos casos, el escritor realiza una dura y ácida crítica a la sociedad a través de la historia de una familia. La diferencia está en que en Las correcciones, esto sucede por analogía, porque es inevitable. En Libertad, Franzen tiene más intención y eso le resta algo de densidad a los personajes, que a veces están más al servicio de la causa del autor que de la literatura.
La novela se trata de un matrimonio norteamericano de clase acomodada, los Berglund, desde su juventud hasta la edad madura, cuando sus hijos se han independizado y encauzado sus vidas separados de los padres. La mujer es quizás el personaje más débil de la saga familiar. Los raccontos no acaban de justificar sus motivaciones de mujer adulta, su enamoramiento de otro hombre ni tampoco sus frustraciones. Quizás es por esto que la novela no logra conmover en su primer tercio, pues está centrada en ella que no consigue erigirse como personaje principal con el cual empatizar.
Sin embargo, pasado este primer tercio, la novela se abre a los hijos de la pareja: por una parte, la hija políticamente correcta pero indiferente y dura; el hijo ambicioso y atrapado en una relación disfuncional con su novia desde la pubertad, una muchacha emocionalmente frágil e hija de una vecina inadecuada a los ojos de los padres de él. La novela apunta luego a la historia de la familia del marido y al abusivo trato que le daban, a su actual trabajo en una fundación con todos los vicios que poseen estas instituciones plagadas de buenas intenciones pero que albergan negocios ambiguos y que terminan estando al servicio del capital. Y es entonces que Libertad sí se transforma en un relato crudo de la sociedad contemporánea, de la falsedad de esta aparente libertad de los individuos para escoger sus destinos ante el poder avasallador de los capitales y las corporaciones, de los estándares morales siempre acomodaticios de una sociedad que acoger a sus individuos y los readapta en nuevas estructuras.
Esta es, finalmente, la historia de una familia fracturada, que se desarma y se desmorona, pero que es capaz de rearmarse y remirarse. Una estructura familiar que desde la libertad individual expone a una sociedad con tantos vicios y ambigüedades, pero que de algún modo resulta funcional y flexible, una sociedad en la que todos encuentran cabida y acomodo.






