ELENA PONIATOWSKA

Leonora

Beatriz García Huidobro
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Leonora

La gran escritora mexicana ―quien además es una periodista y cronista sobresaliente― suma a su reconocido talento y oficio una energía inagotable, como lo demuestran las 500 páginas que novelan la biografía de la artista Leonora Carrington.

Escribir un texto de estas características es una empresa nada menor: requiere de una investigación exhaustiva que no deje cabos sueltos y sostenga la coherencia del personaje. Supone la creación de diálogos que, evidentemente, no están registrados, pero que deben resultar creíbles dentro de los escenarios que se van generando. Asimismo, es necesario que el retrato de la época y de la historia no solo sea recreado con fidelidad, sino que además sea visto y vivido por los protagonistas sin la perspectiva del tiempo, sumergidos en la catarata de acontecimientos cuyo desenlace desconocen.

Todo esto es resuelto con tal naturalidad por Poniatowska, que parecería estar escribiendo ficción, como si de las entrevistas con la protagonista y las diversas fuentes hubiera logrado absorber toda su existencia y darle solidez a esta mujer repleta de contradicciones y obsesiones, un personaje cuya compleja y rica psiquis, en otras manos, podría haber resultar exagerado o insustancial o poco creíble. Es importante destacar el trabajo que hace con los personajes secundarios, construidos con la misma dedicación, como Edward James y su increíble proyecto en Xilitla en lo alto de la sierra huasteca.

La vida de Leonora Carrington está unida al surrealismo de un modo absoluto. Hija de un millonario inglés, desde pequeña se mostró rebelde e independiente, una potranca indomable que se perfilaba como el orgullo para su padre. Pero ella se sentía compelida a pintar, el arte la apasionaba y apenas pisó Francia a los veinte años y conoció a Max Ernst y a los surrealistas encabezados por Breton, ingresó a este grupo como era su personalidad: intensamente, sin medir consecuencias, sin tapujos ni prevenciones. En esta Europa de la pre-guerra ―que para la mayoría era de entre guerras― se sumió en el nacimiento y consagración de las nuevas tendencias tanto en el arte como en la literatura, vivió el amor intenso, los desencuentros feroces, la reclusión en un manicomio, el distanciamiento con la familia, la huida y el exilio. En tan pocos años tuvo el mundo en sus manos y vio cómo se desarmaba y caía, cómo se dispersaban y morían los talentos de su tiempo.

Leonora llegó a México con poco más de veinte años y ahí es donde verdaderamente inició su carrera como pintora y escritora, donde debió reinventarse y reaceptarse despojada de su fortuna y de sus relaciones anteriores. Tuvo una existencia larga y notable, fue una mujer de muchos matices, difícil para algunos, irreemplazable para otros, con una singular capacidad de reconstruir las libertades individuales, una figura fundamental en la historia del arte y la vanguardia.

Hay que agradecerle Poniatowska su opción de escoger el género de novela para esta biografía. Nada de citas bibliográficas ni datos que vayan cortando la lectura. Es una novela que se lee de un tirón, sin respiro, solo se detiene uno de vez en cuando a buscar las imágenes de los cuadros que describe, a tener referencias visuales que se hacen necesarias en esta catarata de acontecimientos que arman la historia de un personaje impresionante. El lenguaje literario que escogió Poniatowska se adecua con precisión a la figura de la protagonista, se monta en su ímpetu y corre por las páginas como galopaba ella, desbordando los caminos, adelantándose, cayendo, levantándose, llegando primero o última, pero manteniéndose siempre alerta y vital en esta carrera sin tregua.

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