Entrevista a Beatriz García Huidobro:

Un septiembre para jóvenes atentos

Vivian Lavín conversa con la escritora y editora de Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Beatriz García Huidobro sobre su libro "Septiembre" editado por SM.

 

Por Vivian Lavín Almazán
15 DE NOVIEMBRE DE 2016

Septiembre es una historia de los jóvenes de hace décadas para los jóvenes de del 2000 sobre esa herida llamada 11 de septiembre de 1973. Es una novela sobre la culpa que recae en la protagonista pero, al final, también sobre todos nosotros. La culpa de la sociedad chilena que desde fines de 1960 entró en una etapa de adolescencia liberadora y maravillosa que la hizo soñar lo imposible. Fueron los años en que las ideas largas convivían con las polleras cortas; cuando se le espetaba al El Mercurio, desde el frontis de la Pontificia Universidad Católica, que mentía; cuando por las calles salía un pueblo a reclamar la vuelta de la tortilla y cuando un Enano maldito se reía de manera grosera de sus adversarios después de una contudente paliza electoral. Era una sociedad en la que los jóvenes eran los protagonistas; una sociedad que despertaba a los sentidos de la música en clave chilensis y latinoamericana y sobre la cual la profesora, escritora, editora y crítica literaria Beatriz García Huidobro escribió una novela juvenil de título Septiembre.
Tú eres quien hace las críticas literarias de Vuelan las Plumas, en la sección El Desplume. ¿Por qué crees tú que hay que leer Septiembre?

La intención con la que escribí esta historia era la de situar la historia del año 1973, para que los jóvenes de ahora pudieran contrastar con los jóvenes de entonces, no solamente la forma de ser y la vida, sin tantas comunicaciones, por ejemplo, sino con lo politizado que estaban los jóvenes de esa época. Eso era algo tan transversal que daba lo mismo si la familia era de derecha, izquierda, demócratacristianos... porque en esa época era así y en cada familia había personas de diferentes tendencias a lo que los jóvenes no se sustraían, o sea, eran parte. Eso sucedía también en los colegios, los profesores estaban involucrados. Todo el mundo estaba vibrando con esta situación de manera positiva o negativa, pero no era indiferente. Entonces, ese espíritu es el que yo más quise rescatar en verdad.

Esta es una novela juvenil ¿por qué decidiste este registro y no una novela para adultos? ¿Qué te pasó? ¿Quiénes aparecieron?

Creo que, en parte, me pasó porque como ahora soy vieja, un día fui al Parque de los Reyes y mirando todos los objetos me di cuenta que la mitad de las cosas antiguas que allí habían yo las conocí y usé en su momento, como los teléfonos verdes, esos que uno discaba y te llegaban a doler los dedos al darle vuelta, por ejemplo... Bueno, todo eso. Y de pronto pensé que las vivencias que uno tiene de su pasado no siempre las transmite adecuadamente. Yo en esa época debo haber tenido 12 años y tuve una experiencia muy vivencial que quise transmitir, para que la leyera alguien de la misma edad, no para los adultos que tienen, también, sus propias vivencias.

¿Cómo ha sido tratado este tema en la literatura juvenil? Porque para los adultos, ya sabemos, hay harto.

Hay bastante para los mayores pero para los jóvenes es casi nada. Cuando tú escribes un libro juvenil tu forma de llegar a los lectores, excepto que sea un best seller de vampiros y cosas que estén de moda, que eso es otro registro, lo haces vía adquisición de los colegios y a los profesores, en general, les intimida un poquitito los periodos conflictivos y que puedan tener reclamos de los apoderados. Que vayan a decir: "No, fíjese que esto no fue así" o "Yo no quisiera que mi hija leyera o que mi niñito se entere de esos tiempos. ¿Por qué no le dan otro tipo de literatura?". Entonces, en general, cuando hay un conflicto político, le hacen el quite.

Estamos hablando de las compras que hace el Estado para las bibliotecas públicas.

... ¡Y de los profesores! Porque los profesores también adquieren ciertos libros y los piden para las bibliotecas.

Entonces, los profesores no quieren el reclamo del apoderado y lo cuestione.

Es que todavía estamos en una época donde eso es sensible. Porque, a fin de cuentas, todos tienen padres o abuelos que vivieron entonces, y si la gente empieza a discutir al respecto, necesariamente, se arma una trifulca familiar porque las familias no eran completamente de una forma o de otra y eso traté, también, que fuera sutilmente esbozado. De hecho, los padres de la protagonista: el papá es demócratacristiano, la mamá es de derecha...

Este libro tiene como telón de fondo todo– y ahí se nota la, profesora – todo lo que estaba pasando política y socialmente en ese minuto en Chile. Pero en el primer plano, está esta pareja constituida por dos jóvenes, dos pololos y es ella, la que habla en primera persona, la que va contando con toda candidez lo que va pasando. Una chica de clase media alta de nuestro país.¿Cómo te resultó a ti encontrar ese tono, esa voz?

A esa niña la quise hacer como dudosa, una chica que no sabe bien lo que quiere y que es medio romanticona... una niñita que si hubiera sido hija mía la hubiera remecido un poco, pero que también tiene que ver con esa etapa de la vida y cómo eran las quinceañeras –aunque esta tiene 14- en esos tiempos. Eran mucho más ingenuas de lo que son las chicas de ahora y tenían otro tipo de aspiraciones, aunque también tenían aspiraciones intelectuales y laborales. Es decir, no creo que sean muy distintas a las jóvenes de ahora pero sí, en lo formal, hay algo que ha cambiado muchísimo. Y el pololo, es decir, el joven del que ella estaba enamorada, también es un joven bien atípico porque es muy seguro de sí mismo, que sabe lo que quiere, que se está cuestionando la realidad permanentemente. Entonces, estos dos caracteres servían para armar una historia en la que te estabas, constantemente, planteando si lo que sucedía era correcto o no; si estaba bien que Allende tomara ciertas decisiones o no lo estaba.... Tenía que haber dudas porque si hubieran sido puras certezas no habría resultado la historia.

Y, ¿cómo resultó la escritura de esta novela? ¿Fue rápida, así como de un tirón, o te costó?

No, no me costó demasiado...bastante rápida en realidad. Es que la escribí hace tiempo. La parte en que me divertí mucho, no sé por qué, era cuando el papá y la mamá de la chica estaban por separarse y tenían una pésima relación, unas peleas!... ¡No sé por qué me gustó tanto hacer eso!... [risas] No voy a pensar en mi papá y en mi mamá que probablemente son los culpables de alguna forma. Pero eso, por ejemplo, era entretenido...

... Se decían unas cosas tremendas, ironías... eran muy punzantes.

La separación de los padres es, siempre, un hecho traumático. En ese tiempo, en este y en cualquier otro.

Y tú pusiste el quiebre familiar dentro de lo que significaba el quiebre institucional de Chile. En realidad, a esa niñita el mundo entero se le estaba rompiendo.

Todo se le derrumbaba. Tienes razón. Los quiebres familiares tienen un simbolismo muy fuerte respecto de lo social y para los jóvenes, aunque se hagan los indiferentes y cuestionen a sus padres constantemente y, en un punto los desprecien o los juzguen, como decía Oscar Wilde, de cualquier forma, para ellos son relevantes, son su universo.

¿Y por qué decidiste titularla así no más: "Septiembre"?

La verdad es que originalmente, yo le había puesto "La última primavera", porque era la última primavera de la juventud, de darse cuenta de las cosas, etcétera. Ése era mi título pero en la editorial prefirieron ponerle Septiembre, y a mí me pareció bien también porque ellos decían que ese título podía tener una connotación excesivamente romanticona, femenina y que iba a dejar de lado a los lectores masculinos... y como yo no soy muy buena para elegir los títulos, les dije: "Ya, será".

Beatriz, tú eres editora de Ediciones de la Universidad Alberto Hurtado. También has sido editora de libros de ficción ¿Cómo va en ti la pulsión de la editora con el de la escritora?

Totalmente respetuosa del trabajo del editor. El editor de SM es Sergio Tanhuz y él trabajó conmigo en una primera etapa y después puso a una niña que se llamaba María Paz que fue un amor y muy buena persona, o sea, ambos fueron geniales, en realidad y a mí me interesan sus puntos de vista porque las recomendaciones de un editor son una mirada más lejana y distinta... Po ejemplo, algunas de las cosas que se decían las personas que por una u otra razón peleaban, a veces, parece que eran un poco violentas y desmedidas y anticatólicas quizás, no sé. Y bueno, esas me las suprimieron un poquitito y yo también encontré que era razonable y le bajamos el tono, por ejemplo.

¡Ah! ¿Eran peores de lo que se lee en el libro?

Sí, algunas expresiones que eran como muy terribles. Pero no es usual que los autores sean tan llanos, es difícil...menos cuando son editores. Hay gente que se aferra a una coma con una desesperación que tú puedes estar discutiendo con ellos una hora y media si esa coma va o no, pero yo no soy así. Hay cosas que, evidentemente, uno dice: "Yo quisiera que esto se mantuviera"... pero, en fin, el trato, en ese sentido, fue muy bueno. 

Tú dices: "En realidad, lo que me pasó a mí fue un proceso interior respecto de mi juventud. Me vi yo en objetos que hoy día están en anticuarios. Entonces dije 'chuta' parece que hay algo que tengo que contar sobre eso". ¿Cómo se da tu relación con los más jóvenes? ¿Cómo ves tú a las generaciones actuales? ¿Cómo es escribir para los jóvenes de hoy en día?

Uno nunca sabe cómo lo van a recibir esas generaciones pero creo que tiene que ver con algo que viví, cuando conversaba con mis abuelos. Ellos llegaron a Chile debido a la Guerra Civil Española...¡ y naufragaron! Se hundió el barco. Mi abuela perdió el piano, ambos eran médicos y venían a trabajar. Entonces, es tan interesante la historia cuando ellos la contaban y, sin embargo, yo tenía 12 ó 13 años, y no les pedía más detalles, más ambientación. Uno se quedaba un poco colgado y no lograba situar bien esa historia y esa época. Entonces, en este caso, para estos lectores de ahora, vengo a ser casi como una abuelita que te cuenta esta historia, y traté de recrear el ambiente que había en ese tiempo de modo que esta novela pasa a ser un poquitito una novela histórica. Ese es el ánimo que yo tengo por lo menos.

Acá hay una mirada hacia la juventud que tiene que ver con que las cosas han cambiado bastante, y si bien siguen sucediendo las mismas cosas, como no hacerle caso a los padres, por ejemplo, tú le hablas a ellos o les escribes de una manera diferente a la literatura juvenil que tú leíste. El hecho de que mostraras las peleas maritales con gran crudeza tiene que ver con eso, ¿no? Pareciera ser que tú dices: "Ellos están alerta, son inteligentes, son despiertos, saben que estas cosas pasan y no los voy a tratar como niños chicos, inmaduros o de manera un poco bobalicona"

La literatura destinada a jóvenes, en esa época, era con todo recortado y, por supuesto, el final feliz era obligatorio o, si era triste, era nostálgico y con esperanza. Bueno, había otros estereotipos respecto de cuánto resiste o no resiste un joven en sus lecturas. Además, la influencia que tenía la literatura antiguamente era mucho más fuerte porque al no haber televisión y, para qué decir, internet ni nada semejante, entonces, para los jóvenes, sus lecturas influían en su manera de pensar. Hoy en día, la literatura, yo creo, les influye bastante poco porque tienen tantos estímulos y tantas cosas dónde buscar.

¿Y has tenido ya algunos comentarios de jóvenes que ya hayan leído la novela?

Antes de publicarlo, se lo pasé a tres jóvenes semi familiares para que me dieran su apreciación y me dijeran qué pensaban, si les quedaba claro y si entendían bien. De hecho, uno de ellos, el de una niña, me sirvió mucho porque me dijo: "Demasiado que el General no sé cuánto, no entendí bien qué estaba pasando"... Entonces, los hechos históricos propiamente tales traté de meterlos de una manera más resumida.

¿Estas viviendo con intensidad la publicación o ya es para ti pasado y estás sumergida en otra cosa?

Ya es pasado pero lo gratificante que tienen los libros infantiles y juveniles es que siempre te invitan a los colegios, y los niños que lo han leído te hacen preguntas, hacen comentarios, dan sus opiniones y esa es lejos la mejor parte.

Es la que a ti te gusta.

Sí, me encanta. Realmente voy donde sea, donde me lleven, aunque me demore cinco horas en llegar y me tengan 20 minutos, pero eso gratificante.

¿Estás en otro proceso de escritura, Beatriz?

No exactamente. Ando media detenida, pero ya seguiré.