Abraham Quezada
El profesor de Historia y geografía, doctor en Estudios Americanos de la USACH, escritor y diplomático de carrera nos relata cuáles son los libros que más le han impactado y aquellos que prefiere dejar que duerman “el sueño de los justos”.
El profesor de Historia y geografía, doctor en Estudios Americanos de la USACH, escritor y diplomático de carrera nos relata cuáles son los libros que más le han impactado y aquellos que prefiere dejar que duerman “el sueño de los justos”.
Se ha escrito tanto, de tantas gentes, historias y situaciones que a la hora elegir, cuál dejar y cuál llevar en un viaje a una isla solitaria, la tarea se torna cuesta arriba. En el remoto y grisáceo mundo de gustos literarios, hay dos textos que emergen en una primera mirada. El primero, es un libro y el segundo es un cuesto breve. Ambos latinoamericanos y ambos de salidos de manos que en algún momento alcanzaron el Premio Nobel. El libro es Residencia en la tierra de Pablo Neruda. Encuentro fascinante las visiones desgarradas y oníricas que contiene, acompañadas de “momentos poéticos sublimes”. En el poema Tango del viudo, me resultan insuperables versos como:
“Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene” (…) “Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido” (…) “cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma”.
El cuento es Un señor muy viejo y con alas enormes de Gabriel García Márquez. Es un relato notable, lleno de imágenes sugerentes casi encantadas.
Hace un par de meses leí Noctuno de Chile de Roberto Bolaño y me pareció insoportable, extraño y poco creativo literariamente hablando. Igualmente empecé a leer La casa de Dostoiesky, de Jorge Edwards pero no pude concluirlo, muchos lugares comunes, repetitivo y poco creativo. Sin tirarlos a la hoguera, los dejaría de lado por un tiempo, lo mismo que algunos de Jorge Edwards, como Museo de Cera o La Ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, los dejaría para un “segundo momento”, cuando ya haya leído los imprescindibles.






